Desde la época de los veleros de vela cuadrada hasta la era de los buques cargueros de acero, los marineros forjaron un repertorio de términos para describir fenómenos del mar, maniobras de navegación y partes de la embarcación. Palabras como "babor", "tormenta" o "ancla" surgieron como respuestas a necesidades prácticas, y su transmisión oral se consolidó en los primeros diccionarios náuticos del siglo XVIII, convirtiéndose en un legado lingüístico compartido por pescadores y capitanes.
A principios del siglo XX, los creadores de crucigramas empezaron a recolectar esas palabras por su sonoridad y su capacidad de encajar en cuadrículas exigentes. Revistas como "The Times" popularizaron pistas que aludían a la vida en alta mar, y los aficionados descubrieron que el vocabulario marítimo ofrecía un equilibrio entre rareza y reconocimiento. Con el tiempo, la presencia constante de estos términos convirtió al entorno náutico en una fuente recurrente para desafíos lingüísticos.